miércoles, marzo 10, 2010

La darkie asistente social: un enfoque literario


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Por Joan Auteur



A veces, en el desarrollo de un ejercicio de honestidad intelectual, llega el momento de oponerse a lo dicho por un compañero de redacción. En este caso, el presente texto tiene como objetivo refutar el trabajo de Pablo Secsfield en su artículo La historia navideña de la darkie asistente social, porque en el mismo se dejan ver algunas ideas vetustas cargadas de la represiva energía de la maquinaria falologocéntrica que reina en la mentalidad occidental. Yo, gracias a mi pensamiento lateral, nomádico, oriental y femenino, he podido escaparme triunfalmente de esa estructura carcelaria intelectual, y estoy en condiciones de enseñarle al mundo lo que hay más allá de los límites fijados.


El primero de los principios dogmáticos que el pensamiento lógico ha sobrecargado en el texto de Secsfield es el de la coherencia. Desde el comienzo del artículo, el psicoanalista intenta hacernos entender que existe el riesgo de una contradicción en la personalidad de Scarlett, la joven darkie que al mismo tiempo quería ser asistente social. Al parecer, según los criterios de este verdadero abanderado de la normalidad burguesa decimonónica, si una persona no es cien por ciento consistente consigo misma, con su centro, con el aparato simbólico reproductivo y repetitivo de la vida tal cual la comprenden las normas de conducta establecidas, entonces hay un peligro, una posible “locura”. Si esto fuera cierto, este hombre, que es al mismo tiempo doctor en psicología y un reconocido psicópata sexual[1], no podría ser otra cosa que un loco, y si es un loco… ¿Cómo puede decir quién es normal?


En el mundo actual las contradicciones se fusionan y se transforman en elementos de una belleza que no es delimitable en las viejas y rudimentarias oposiciones. En estos tiempos, es posible encontrar con total naturalidad a una enorme variedad de bisexuales, metrosexuales, andróginos y hermafroditas; así como también enanos de 2,15 metros de altura, salsas agridulces; y partidos de derecha que ahora dicen que no hay que pagar la deuda externa, y partidos de izquierda que manifiestan querer abonar hasta el último centavo[2]. Si la teoría de Secsfield fuera verdadera, todos estos serían locos: pero no, no hay nada más lejano a la realidad. No hay nada de malo en mi amigo que, siendo hincha de los dos clubes al mismo tiempo, es capaz de gritar un gol de Chacarita en plena tribuna de Tigre[3], a lo sumo, lo malo estará en los intolerantes fanáticos de Tigre que, no entendiendo la heterogeneidad del mundo actual, le molieron cada hueso del cuerpo a patadas. Tampoco hay nada de malo en una atea con experiencias místicas, ni en el fanático religioso que manda hamsters-bomba para promover tanto el judaísmo como la fe de Mahoma. No veo qué podría criticarse, salvo por estricto dogmatismo, en un miembro negro del Ku-Klux-Klan o en una idealista materialista marxisto-platónica-kantiana-lacaniana. Tampoco entonces, veo el riesgo en una darkie asistente social.

Y es que no resulta descabellado considerar que esta chica estaba buscando una manera de romper con estos binarismos implacables a los que nos tiene acostumbrados el pensamiento lógico y el sentido común. Ella comprendió con claridad que la oposición “dark” – “conciencia social” no era más que un reflejo acrítico de una serie de estereotipos, y decidió vivir y ocupar ella misma un lugar intermedio, donde convivieran los elementos de ambas categorías en contradicción sin mayores inconvenientes[4]. Así, desde ese “no lugar”, Scarlett pudo tomar contacto con su propia sensibilidad y sus ideas para volcarlas en un texto.


El segundo punto que debo criticar del trabajo de Secsfield es, precisamente, como se acerca al libro de Scarlett, a Scarlett llevando la oscuridad al barrio, un más que interesante relato en el que de las inquietudes de la dark se transformaron en lenguaje, en letra. La chica, desde su falta de conocimiento, cree que el texto es autobiográfico: es comprensible, no tiene experiencia. El problema es que Secsfield, ignorando todo alcanzado por el pensamiento libre de todo dogma desde los 50s hasta ahora, también considera que el texto es biográfico, y no sólo utiliza sus páginas para psicoanalizar a la chica, práctica despreciable, sino que incluso se interesa por “cómo lo escribió”. De esta manera evita hacer un estudio literario del texto, con una actitud que cualquier persona de letras consideraría imperdonable, una ofensa al conocimiento y al titánico esfuerzo que se ha hecho desde el formalismo ruso en adelante para liberarnos de las pútridas garras del contextualismo y del biografismo[5].


Gracias al dogma psicologista, que acaba con el texto para convertirlo en un mero dato de una personalidad sin interés[6], es que termina confundiéndose la vida con la literatura: dos cosas que poco tienen que ver entre sí, más allá de que la segunda sea generalmente producida por seres vivos. Me pregunto qué tendrá que ver el hecho de que en el libro Scarlett haya sido una asistente social dark con que Scarlett en la vida real haya sido una asistente social dark. No entiendo en qué parte de las páginas o de las letras que producen este efecto de sentido sin origen que es el texto puede rastrearse la vida de esta chica: supongo que no cuando cuenta que se le apareció Siousie Sioux, ni cuando comenta que les grababa a los chicos de la villa temas de Joy Division en el celular “para ayudarlos”, ni cuando les enseñaba a las nenas de cinco años a pintarse de blanco la cara.


El enfoque propuesto por Secsfield mina las posibilidades de analizar el enorme valor literario del texto. Impide trabajar con momentos líricos tales como: “Entonces descubrí que los negros de la villa, a pesar de todo, sentían cosas, sufrían. No se dedicaban solamente a fumar paco, a robar y a pelearse por un Vin Up: aparte de eso lloraban, se deprimían y tenían también su lado oscuro. Esto era obvio, porque al fin y al cabo eran negros: lo oscuro de ellos estaba en la piel, además de en el alma” o “El comportamiento de los negros cabeza me había llamado la atención mucho. Parece mentira que esta gente que no conoce a Lacrimosa ni a The Gathering pueda hablar de tristeza, desesperación u otros de los más sublimes sentimientos del crepúsculo humano” o “Yo sabía que podía darles mucho, ayudarlos a mejorar su calidad de vida. Les llevé parches del animé Hellsing para sus mochilas, guantes negros, un póster de Entrevista con el Vampiro, y todos los libros de HP Lovecraft que tenía (dos)[7]”.


Es a partir de estos momentos que podemos rastrear a ese narrador errático, perdido por Secsfield, que nos da cuenta de le necesidad de incluir en la nueva literatura a estos verdaderos excluidos. Los nuevos textos podrían, de una manera absolutamente estética, intraescritural, autosuficiente, endoexploratoria, protolingüística y metadiscursica, trabajar con estos nuevos actores ficcionales, con los villeros, a partir de una novedosa forma de inscribirlos en el lenguaje, en la página escrita y en el ideario inmaterial de una literatura sujeta a sus propias leyes. Esto es lo que una tarea basada en una idea libre y circular como la que manejamos nos puede decir, y no las tonterías biografistas, inútiles e intolerables de estos psicólogos trasnochados.


Es así que, para finalizar, quiero realzar la figura de Scarlett, no como autora a (psico)analizar, sino como entidad literaria, como puro texto producido por el signo mismo. De esta manera es que también rescatamos una figura olvidada, la del villero, la del cabeza, la del negrito[8], que aparece como personaje irreal en este mundo puramente estético y lúdico que es la literatura, como figura, emblema e ícono de sí mismo en un lenguaje hermético y carente de una repulsiva realidad exterior. Es esta intrascendencia constitutiva la que construye al villero de Scarlett, mítico, bello, deseable, sensual, sexy y, de seguro, mucho más interesante (y menos peligroso) que el real.




Joan Auteur, filósofo y crítico literario francés, ha trabajado intensamente con diferentes teorías literarias. Fervoroso defensor de los análisis textuales inmanentistas, ha publicado libros tales como El nirvana del autor y No me digas quién sos, porque no me interesa.


[1] ¿Eh? -N de Secsfield

[2] Esto sólo funciona si consideramos al FPV un partido de izquierda. Póngase las pilas. -N de Secsfield

[3] Las hinchadas son enemigas a muerte

[4] “¿Comprendió con claridad?”, está loco. La chica a duras penas entendía cómo mover los pies para caminar.- N de Secsfield.

[5] Esto tendría sentido si yo fuera un crítico literario, pero soy psicólogo, pedazo de pel… (comentario editado por el consejo editor)

[6] ¡Epa, epa!. -N de Secsfield

[7] Scarlett, Scarlett llevando la oscuridad al barrio , Atlántida, Buenos Aires, 2006 pp102-105

[8] Estoy seguro de que en algún momento iba a poner “el negrito de mierda”, pero se controló. -N de Secsfield.




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