domingo, mayo 30, 2010

Biografías: Paul Pauls

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Qué se puede decir de Paul Pauls que no haya sido dicho antes. Bueno, en realidad, muchas cosas, como que de chico espiaba por la cerradura a la señora que limpiaba en su casa mientras se cambiaba o que más allá de su impostura como intelectual “rudo”, llora cada vez que escucha el tema El amor es más fuerte de la banda sonora de Tango Feroz. Pero esta es una biografía intelectual del llamado “poeta de la crítica”, y la idea será reconstruir su vida alrededor de su obra.


El pensamiento de sus comienzos estuvo bien alejado de los lineamientos ideológicos que profesa en la actualidad. Cercano a cierta vanguardia de corte esteticista y conservador, los primeros trabajos críticos de Pauls lo mostraron muy complaciente con cierto establishment literario. La exquisitez: o cómo evitar que la ignorancia peronista destruya la delicadeza de nuestra literatura nacional fue el nombre de su primer ensayo publicado en la revista “Sur”, revelando desde el inicio sus inclinaciones políticas e intelectuales. Del mismo modo funciona el título de su más famoso libro de esa etapa La grasa del asado ya no salpica en los libros: memorias de la resistencia contra la tiranía, editado a mediados de 1956.


El paso del tiempo y el contacto con nuevas formas de pensar fue cambiando los lineamientos teóricos de Pauls. Tras el largo coqueteo con la elite literaria liberal, de la cual heredaría luego cierto cinismo y el marcado desprecio por la clase media que lo caracteriza, fue acercándose poco a poco a posturas más cercanas a la izquierda. En esos días de transformación, el poeta de la crítica declaró: “encuentro en la vieja vanguardia esteticista cierto dejo de desprecio por los sectores populares que actualmente me resulta inadmisible”. En una entrevista reciente, en cambio, se refirió a esa etapa de su vida intelectual con términos un tanto más duros: se refirió a esta como el momento en que “por fin me alejé de esos viejos de mierda garcas y oligarcas que vivían al pedo escribiendo mientras los esclavos que tenían en los campos de sus ancestros trabajaban para darles la buena vida”.


Tras este primer viraje ideológico, el movimiento teórico no paró. Pasó por diferentes corrientes de pensamiento, siempre enfocando sus estudios en temas referidos a la cultura burguesa y su relación con diferentes formas literarias y artísticas. Siguiendo esa línea de investigación es que se vio obligado a sumergirse cada vez más en la cotidianeidad de la clase media, en su televisión, su radio, sus libros y sus costumbres, siempre evitando juzgar esa forma de vida, conteniendo sus impulsos y su asco cada vez que le mencionaban citas de El principito, cada vez que le ponían en la radio temas de La Oreja de Van Gogh, en cada momento en que lo atormentaban con comentarios de José Pablo Feinman, o que desafiaban su buen gusto con alguna película de Spielberg o Piñeyro. Y así también aguantó uno tras otro los comentarios supuestamente “racionales” de los fanáticos a ultranza de las políticas de centro derecha conservadora y centro izquierda moderada… hasta que, lógicamente, su salud dijo basta.


Luego de decidir que el mejor tratamiento que podía seguir tras años de sobredosis de clase media era “drogarse y mamarse hasta reventar como un sapo”, Paul Pauls abandonó toda su actividad académica. Tomando al fernet como “su nuevo fundamento estético y filosófico”, desarrolló en varios antros de pésima muerte las ideas principales de su pensamiento sobre la clase media, basadas, claro está, en los conceptos de “pelotudez primigenia”·y “pensamiento mágico pequeñoburgués”. Poco tiempo después conoció a Humberto Steimberg, al que golpeó y escupió en repetidas ocasiones, hasta que al fin pudo empezar a sentir por él algo que podía llegar a entenderse como confianza y al cual le terminó remitiendo los desordenados garabatos que forman la gran mayoría de su obra actual.


Hoy el paradero de Paul Pauls es desconocido. Sólo se tienen noticias de este brillante crítico a través de los textos que le remite a su sirvient… discípulo. Hay quienes aseguran haberlo visto frecuentando travestis, hay otros que aseguran haberlo visto como travesti, se han oído rumores que hablaban de que regenteaba garitos o prostíbulos con menores en lejanas islas de la polinesia y que incluso estaba liderando secretamente un golpe de estado en uno de esos países, pero poco caso se puede hacer de tales relatos. Lo único que nos queda de él, hoy por hoy, son sus inmortales textos y ese mal sabor de boca que nos deja la clase media cada vez que entramos en contacto con sus ideas.



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