Por Noemí Di Carlo*
En un intento por acercar a los fanáticos de la pornografía a la alta literatura, y a los de la alta literatura a la pornografía[1], la productora de filmes para adultos Sex, Pussy, Cock / Fuckin and Sucking (SPC/FaS), ha anunciado el lanzamiento de una serie de películas XXX basadas en textos clásicos. La intención de esa empresa es adaptar textos de todas los tiempos, desde
A priori es menester anunciar mi aprobación respecto de todo intento de acercar la literatura a todos los sectores de la población, incluso si, cómo en este caso, las tentativas son un tanto, cómo decirlo, poco ortodoxas. Siempre es bueno encontrar nuevos lectores, sobre todo jóvenes, ávidos de nuevas experiencias textuales y, por qué no, de nuestra modesta guía para formarse como sujetos con una solidez intelectual digna de ser tenida en nuestra consideración. Pero, al mismo tiempo, existe el temor de que muchas obras clásicas de la literatura sean absorbidas por la pornografía y de que, al fin de cuentas, se convierta a, por ejemplo, Nuestra Señora de París en la “obra esa donde a una minita llamada Esmeralda le dan bomba un jorobado y un cardenal, o algo así” [2]. Es por esto que en el análisis presentaremos reservas a nuestro entusiasmo, con el fin de que esto no se desmadre y termine el mundo literario convertido en un relajo erótico sobrecargado de una libido sin sentido que transforme a nuestro elevado goce estético/intelectual en un mero placer sensual y sexual, y nos rebaje a ser criaturas de pura corporalidad desmedida, de una genitalidad descarriada e intrascendente[3].
Comencemos a trabajar en particular con algunas de las películas que ya están finalizadas y que ya han podido ser analizadas[4]. Un compañero de Staff de la revista, el psicólogo Pablo Secsfield, se refirió al primer film del proyecto, La metamorfosis XXX, o vení que te muestro el bicho, como “una refrescante versión, enfocada en el lado erótico y sensual del texto de Kafka (a veces un poco reprimido), que se refuerza a partir del agregado de giros inimaginables, como la escena en que Greta Samsa es penetrada al mismo tiempo por el jefe de Gregory y un profesor de violín, acto con el que consigue al mismo tiempo mantener a la familia, recibir clases gratis del instrumento y, sobretodo, una enorme satisfacción sexual”.
Esta lectura del psicólogo muestra algunos límites. Primero, sólo un sexópata declarado como Secsfield[5] puede ver un lado erótico en el cuento original de Kafka. Si se muestra en La metamorfosis algo de sexualidad, o mejor, de placer de cualquier tipo, es sólo observable detrás de una salvaje represión que impide cualquier posibilidad de realización de ese goce. Segundo, si bien el tenor de la película exigía un cambio de enfoque que incluyera algo de sensualidad, lo cierto es que a veces ese nuevo punto de vista se logró a costa de traicionar un poco el espíritu del texto fuente. Analicemos un poco una escena:
(Aclaración: En esta versión lo que se transformó en cucaracha fue el órgano viril de Gregory y no Gregory en su totalidad)
Gregory se encuentra en su habitación. Entra Greta, visiblemente enojada con Gregory (aclaración 2, en esta versión, Gregory faltó al trabajo porque tenía que tener sexo con la esposa de su jefe, pero no se animaba porque tenía su pene trasformado en insecto) Discuten respecto de que no puede ser que nunca más vuelva a tener sexo, hasta que ella, olvidando todos los códigos occidentales respecto de la prohibición del incesto, se ofrece a hacerle una felatio, su hermano accede, y terminan en medio de un feroz coito que hace saltar por el aire la cama donde debería estar acostado un solitario hombre convertido en insecto. Todos felices.
Es necesario, por su puesto, hacer varios señalamientos al respecto: se podría dejar pasar (dado que el objetivo de la pornografía es mostrar gente que explícitamente mantiene relaciones sexuales) el hecho de que se reduzca el drama a una cuestión de placer genital y que el casi sometimiento de Gregory a Greta se resuelva en una feroz escena sexual y sensual de tanta intensidad erótica que dan ganas de… de pedirles que paren porque es mucho. Lo que es intolerable es el hecho de que todos terminen felices y satisfechos, que la relación entre los hermanos tenga un final de, cómo decirlo, tal grado de entendimiento. En fin, que toda la presión de la vida burguesa y de las cargas y obligaciones que se encarnan en Gregory Samsa y su transformación acabe neutralizada en una escena de goce carnal tan severo no es otra cosa que una traición al texto original.
Recalco que había otras maneras de cumplir con el requisito del film porno de mostrar a todos los personajes en variadas poses sexuales podría haberse cumplido de una forma que atentara menos contra el espíritu del cuento de Kafka. Por ejemplo, imagino un pasaje en la que ella estuviera acostándose con algún otro tipo y él la observara masturbándose sumergido en la culpa o, aún peor, se me hace más propia una escena confusa, en la que, cual tragedia griega, terminan juntos en la cama por error y él termina muriendo de vergüenza, en lo que sería un final mucho más cercano al original.
Entonces, toda esta falta de respeto al texto escrito por el escritor checo es gratuita y posiblemente hubiera podido tener una solución que hubiera hecho de la versión porno de La metamorfosis algo más respetuosa y con más vuelo estético y literario. Algo similar ocurre con Castigo extremo, una versión BDSM de Crimen y Castigo. En esta adaptación el nivel de goce es tan alto desde el inicio (Raskolnikov se acuesta con la usurera y su hermana, que no son nada viejas, antes de matarlas) que es difícil establecer, más allá de los nombres, alguna conexión entre el original y el film porno/homenaje. Incluso se llega a la impericia de hacer que Raskolnikov y Sonia practiquen una brutal escena con látigos y ropa de vinilo[6] ni bien se conocen, y a cambiar los momentos en que el protagonista sale para tratar de expiar sus culpas en tabernas de mala muerte por visitas a burdeles en los que, para colmo, luego de que las chicas le brindan placer de las más variadas, sorpresivas y envidiables maneras, ni siquiera le cobran (recordar que Rodion no tiene ni un Kopec). Toda esta brutal, deleitosa e irrefrenable satisfacción sexual es incongruente con el ambiente opresivo de la novela de Dostoievksi. De qué castigo moral se puede hablar, si el protagonista no pasa ni tres minutos de película sin que alguna muchacha le esté practicando una felatio.
Es en estos momentos cuando no puedo evitar pensar en qué es lo que aprenderán aquellos que se acerquen a este material. Ya me veo a los profesores recibiendo exámenes en los que se hablará de “los petes de Ana Karenina” o de “cómo los infantes de Carrión se enfiestaron con las hijas del Cid Campeador”. Además, entendemos que la comprensión de los alumnos podría tal vez nublarse un poco ante tanta sexualidad: existe el claro temor de que recordando la versión porno se masturben leyendo Las Ruinas Circulares, de Borges, o algunas baladas de Goethe. Y eso no es bueno para el estudio y la difusión de la literatura, al menos como la entendemos nosotros[7].
En fin, es importante señalar que el proyecto no es del todo mal, que es posible tener una experiencia que por momentos es estimulante y satisfactoria, sobre todo en ciertas noches sin compañía. Como primera tentativa de un acercamiento porno a la literatura no es completamente negativo, lo que sí es necesario es refinar ciertas cuestiones de respeto a las obras originales, para que el goce desenfrenado y húmedo no opaque a la severa actividad intelectual ni al férreo rigor que nosotros pensamos que la materia requiere[8].
[1] Según estudios del psicólogo Pablo Secsfield, lo segundo es mucho más fácil, dado que los aficionados a la literatura son mucho más propensos a consumir pornografía que los fanáticos del porno a leer textos literarios. N. del A.
[2] De por sí, ya bastante jodió que el público conociera más la obra por el dibujo animado de Disney que por la novela en sí. N del A.
[3] Esta oración parece un tanto larga y redundante: la dejamos intacta por ese motivo. N del Editor.
[4] El consejo editor no aprueba este tipo de rimas internas en la prosa*, pero bueno, así quedó. N del Editor.
* Algunos miembros disidentes del consejo editor consideran que tampoco puede ser llamada “prosa” a la escritura de este texto.
[5] Andate a cagar, Noemí, N de Secsfield
[6] En un anacronismo casi imperdonable
[7] En un texto donde se incluye la propuesta educativa de Noemí Di Carlo ella afirma: “¡hay que chuparle la sangre a los alumnos! Que se sepan lo que opinó el último crítico de Echeverría en una nota al pie, aunque esto esté fuera de programa, o los bochamos por no estar a nuestra altura. La literatura es para pocos, y nosotros decidimos quiénes son esos pocos” Di Carlo, N, Mi Lucha literaria en
[8] El goce intelectual puede ser desenfrenado también, esta qué se cree. N del E.
Noemí Di Carlo fue profesora de literatura argentina en la UBA, ensayista y crítica literaria. Entre sus trabajos más importantes se encuentran una serie de artículos y libros dedicados a Adolfo Bioy Casares, tales como "Bioy, un escritor del límite" o "Diario de la guerra de Bioy". En la actualidad realiza charlas junto a Gonzalez Oro en el canal C5N.
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