martes, diciembre 22, 2009

El regalo de navidad para Obama

Por Fred Peel

La selección de Barak Obama como ganador del premio Nobel de la paz del año 2009 nos sorprendió en una reunión para la edición de esta revista. Un miembro del staff entró dando la noticia y la creímos una humorada, como cuando alguien dice que Stallone debería recibir un Oscar como mejor actor[1], que Nueva Zelanda va a ganar el mundial o que Macri podría ser jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Pero nuestra esperanza en que el presidente del país más militarista del mundo, que en la actualidad mantiene ocupadas dos naciones por la fuerza, sólo podría ser elegido para tal galardón en broma se difumó en cuanto vimos que varios sitios de internet corroboraban la información.


Las especulaciones respecto de los motivos que justificarían la distinción de Obama, que llevaba apenas unos pocos meses en el máximo cargo político del país del norte, no tardaron en aparecer. Hubo quienes sostuvieron que se trataba de un premio irónico, que Ghandi no lo había ganado y sí el presidente de EE.UU, así como también Yasser Arafat, Shimón Peres y Rabin, lo cual mostraba cierta lógica de “inversión” de los valores. Según esta línea de pensamiento, el Nobel servía para denunciar a aquellos que habían fomentado la violencia y las situaciones inhumanas.

Pero cuando esta teoría empezaba a tranquilizarnos, a devolvernos la confianza en la fundación noruega encargada de elegir a los premiados, uno de nosotros recordó que el reconocimiento lo había recibido también Pérez Esquivel, que sí lo merecía. De esta manera, la idea del premio irónico se caía a pedazos, y de nuevo nuestra esperanza en la humanidad se resquebrajaba, como el día en que nos enteramos que Walt Disney tenía contactos con el nazismo.


Otra solución que nos tentó bastante fue la de un escéptico, cuya identidad preferimos reservar, pero que consideraba que el premio Nobel era como el Oscar o el Martín Fierro. “¡Qué carajo les importa a quién le dan ese premio de mierda!”, dijo “¡Lo ganó Jimmy Carter! ¡¡Este premio es más trucho que los Nueve de Oro de Romay!! ¡¡No sé cómo les extraña que se lo hayan dado a Obama!! ¡¡¡Tenían que darle un premio y ya: el de la paz, el de literatura, el de química, Miss Universo, el balón de oro o el Premio Clarín a la novela, no importaba!!!”


Otros, más analíticos y menos ardientes, aspiraron a reconstruir la noción de paz que manejaban los miembros de la Fundación Nobel. Intentaron buscar la forma en que estos influyentes funcionarios entendían este concepto, llegando a la conclusión de que ellos lo habían comprendido de un modo que no era el tradicional, que habían alcanzado una definición alternativa del pacifismo según la cual Obama sería realmente un prócer de la paz. El escéptico del párrafo anterior, luego de escuchar esta propuesta teórica, respondió, fuera de sí, intentando apuñalar con un sacacorchos a una de las intelectuales responsables de la idea. Luego de ser detenido por personal de seguridad, todavía pataleando contra el piso, el escéptico gritó: “De qué pacifismo me hablás, si ese turro triplicó las tropas que hay en Afganistán y las va a tener ahí por lo menos hasta el 2011, para que puedan seguir matando más gente que en la trilogía de Rambo[2]”. Pero los que sostenían la teoría el “neo pacifismo” no se quedaron callados, y repusieron: “Tal vez el concepto de paz no deba estar necesariamente reñido con el de guerra. Esta separación binaria de guerra/paz como opuestos probablemente sea un resabio del pensamiento estructuralista que no se condiga con un análisis de la situación real. La Paz[3], hoy por hoy, podría ser compatible con el sometimiento de dos países por la fuerza, con los bombardeos, con la limpieza étnica, con las minas antipersonales y con las repetidas violaciones de los más básicos derechos humanos, siempre y cuando, claro, eso ocurra en países alejados de los cuales sepamos poco y que no tengan escritores ni artistas conocidos. Esta es la nueva paz, la paz para Estados Unidos y occidente, que combatiendo con fuego y sangre a decenas de miles de kilómetros de su territorio, se asegura una tranquilidad monástica en su propio país. Esta paz no la puede traer un grupo de hippies acampando a las afueras de la Casa Blanca, para conseguirla se necesita un enérgico gobernante dentro de la Casa Blanca: el pacifista del 2009”.


La teoría del neo pacifismo tuvo una vertiente moderada, que despertó algunos insultos menos que la ya expuesta. Esta rama, a la que podríamos llamar “pacifismo por menos violencia”, tiene como tesis fundamental la idea de que Obama fue premiado no por pacificar, sino porque la política de su gobierno causó menos muertes que la administración anterior. En pocas palabras, al actual presidente de EE.UU lo estarían reconociendo por matar menos que Bush.


Esta afirmación, por supuesto, tampoco pudo evitar la aparición de argumentos en su contra. Si se calcula que las tropas norteamericanas deben haber matado no menos de cien mil personas en Irak y Afganistán durante el gobierno norteamericano anterior, entonces exterminar menos que Bush no es algo demasiado difícil: la cantidad de humanos en el mundo responsables de menos de cien mil muertes debe alcanzar a unos siete mil millones. Si un número tan grande de personas es merecedora, entonces, del premio Nobel, la fundación noruega tendría realmente muchos problemas en conseguir el dinero necesario para recompensar a los ganadores (se necesitarían unos 10 mil quinientos billones de dólares). Por otro lado, imaginen fabricar todas esas medallas para el reconocimiento de tantos pacifistas, y ni que hablar de publicar esa desmesurada cantidad de nombres, y de enviar cartas a todos los premiados: un imposible.


Pero los defensores del “pacifismo por menos violencia” fueron un tanto más inteligentes y rápidamente señalaron que sólo premian, dentro de las personas que mataron menos que Bush, a aquellas que han sido presidentes de EE.UU, lo cual limita mucho el espectro de ganadores posibles. Primero, porque no son tantos los seres humanos que llegan a gobernar EE.UU; segundo, porque dentro de los pocos que alcanzan a ocupar tal cargo, un número aún mas pequeño tiene menos de cien mil muertes en su haber. Aparte, es fácil ser responsable de un número inferior al centenar de miles de bajas siendo verdulero, albañil, jugador de hockey, volantero o proyectorista de un cine porno: lo difícil es hacerlo estando a cargo de la máquina de matar más importante del mundo.


Pero, nuevamente, la gran dedicación crítico-intelectual de nuestro staff dio por tierra con el intento de explicar el no muy entendible comportamiento de los responsables de premio Nobel. Consultando en internet, recibimos la información de que el mismísimo Roosvelt había recibido el famoso reconocimiento a la paz… el mismo Roosvelt que había instigado la guerra con España en 1897, el mismo Roosvelt del Big Stick, el que provocó la revuelta separatista de Panamá contra Colombia, el que ocupó República Dominicana y que estableció la no del todo pacífica base de Guantánamo en Cuba. “Según nuestros cálculos, pasó los cien mil muertos caminando”, afirmó uno de los expertos en política exterior de nuestra revista, que además completó “Aparte, Obama todavía no llegó a los cien mil porque recién empieza, dejalo un par de años triplicando las tropas de Irak y Afganistán y después me contás. Eso de que le dieron el premio por matar poco para los estándares de un presidente de EE.UU es la boludez más grande que escuché desde la campaña para recolectar un millón de firmas en facebook contra la inseguridad”.


Desalentados, los miembros del staff nos sentamos a llorar por el fin de la utopía soñada por el inventor de la dinamita. Entonces, mirando por la ventana, vimos los carteles que empezaban a presagiar las festividades navideñas, y nuestros corazones se llenaron de la dicha típica de esta época. Fue entonces cuando entendimos el verdadero motivo del premio a Obama: era el regalo de la fundación Nobel para el presidente de los Estados Unidos.


Todavía conmovidos por el gesto, hubo alguno que ensayó una protesta “che, el premio se lo dieron en octubre”. Pero, como es sabido, este intelectual se equivocó: Obama fue seleccionado para la distinción en octubre, pero la recibió recién el 10 de diciembre, en plena época navideña. Los miembros de la Fundación Nobel, con responsable generosidad, reconocieron a un hombre que no había hecho absolutamente nada para ser galardonado por sus aportes a la paz, si no más bien todo lo contrario, pero… ¿no es ese justamente el espíritu de las festividades de fin de año? ¿La navidad no es época de dar, dar sin esperar recibir nada a cambio? Bueno, los responsables de otorgar los Nobel, llenos de ese profundo sentimiento, le dieron a Obama el Premio de la Paz, sin que el presidente de los EE.UU hubiera tenido el más mínimo mérito para recibirlo.



Edit 10/12

Obama, al recibir el premio Nobel de la Paz declaró: "La guerra es necesaria para la paz", lo cual nos da por las pelotas, porque toda la sarta de ironías pelotudas que pusimos sobre esta aberración se quedan cortas con el descaro de este señor, que será todo lo negro que quieran, pero antes es Presidente de EE.UU, y se comporta como tal.

Si quieren putear a la Nobel Foundation…

comments@nobelprize.org


Ahora, si prefieren acciones más directas, estamos reclutando gente para linchar a los miembros de dicha institución… hagan clic aquí para llenar una solicitud.


Fred Peel es un… un… bueno, no estamos muy seguros de qué es. Sólo sabemos que trabaja como editor de esta publicación, que de chico tenía una dudosa afición a jugar con los Pin y Pon y que cada tanto dice frases como “¿Soy el único que le da a Solita Silveira?” Más allá de eso, nos cae fenómeno y lo dejamos escribir aquí.



[1] Uds. dirán, pero si Titanic ganó mejor película, el Oscar es cualquier cosa. Y tienen razón, es cualquier cosa, pero sigue en nuestra representación del mundo la idea de que un actor horrible no puede ganar ese premio.

[2] Este intelectual ignoraba que se había filmado Rambo 4. O tal vez no lo ignorara, pero el trauma que le había provocado enterarse de la existencia de tal film había bloqueado el recuerdo como manera de autodefensa psíquica.

[3] Rogamos al lector no hacer ningún tipo de juego de palabras con “La Paz, Bolivia”. Gracias



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